jueves, 24 de marzo de 2011

Capítulo 4: Caleidoscopio [2ª Parte]

Alguien carraspeó detrás de Ethan y Alice.

    - El desayuno.-dijo secamente Catherine mientras dejaba los platos sobre la mesa de mármol donde estaban todos sentados.
    - Huele bien. Gracias Cazz.-agradeció su hermano.
    - Muchas gracias.-susurró tímidamente Alice.
    - Pruébalas, hay suficientes para los dos.-comentó el chico ofreciéndole el plato de tostadas.
    - Te…te lo agradezco, pero no como en los desayunos. No suele sentarme bien.-explicó disculpándose la chica.
    - ¿sólo el café con leche?
    - Deberías obligarte a comer en el desayuno.-habló Mathew concentrado en su taza.- es la comida más importante del día.-recitaron al unísono los dos varones, como si de una lección aprendida en la escuela se tratara, mientras Alice se contenía la risa al haber visto a ambos realizar los mismos gestos mientras decían aquella frase.
    - Jóvenes.-suspiró Mathew mientras se levantaba de la mesa y se llevaba consigo todos los periódicos.-Catherine, ¿has terminado de limpiar la cocina?
    - Sí.-contestó la chica secamente.
    - De acuerdo, vuelve luego para echarme una mano a colocar la compra que traiga Rose.

Lo siguiente que se escuchó fue la puerta al cerrarse tras ellos, escuchándose tan sólo el mordisquear de Ethan en las tostadas y el ligero tintineo de la cucharilla del café de Alice.

Cuando ambos terminaron de desayunar, se levantaron dejando los platos y vasos en el fregadero y salieron de la cocina.
    - Desayuno y cena, o desayuno y comida.-dijo de repente el chico.
    - ¿perdona?
    - Los turnos.-susurró.-Durante dos semanas mi hermana como castigo ha de encargarse de ello.
    - ¡Ah!”Eso”.-contestó la chica entendiendo por fin a qué se refería.
    - Sí. Y como regla, no se puede permitir que otros te ayuden, o aumentará el tiempo. O los turnos.
    - Por eso no me dejaste ayudar a hacer el desayuno.-comentó la chica comprendiendo lo que había ocurrido durante el desayuno.
    - Bien pues, procedamos a enseñarte parte de la casa.-anunció alegremente el chico de cabellos oscuros, zanjando el tema, y sin esperar respuesta, emprendió la marcha por el pasillo junto a Alice.

Ethan fue indicándole varias partes del edificio. Al parecer había un ala entera dedicada a los invitados, zona donde había estado la chica durmiendo esos días, por eso los dormitorios contiguos al de ella, estaban vacíos. El resto de habitantes de la casa, dormían en otra ala del edificio. También le mostró un par de trucos más para cómo llegar al baño desde su habitación, o a una especie de sala de reuniones gigantesca, donde podrían estar sentadas unas veinte, treinta personas a la vez., incluso le mostró un desván, porque al parecer había otro aún mayor. Alice se fue percatando, que la casa era aún más grande de lo que ella se había imaginado después de haber deambulado por los pasillos, más que una casa grande, parecía una mansión o algo parecido.

La chica se descubrió que andaba sonriendo en una de las veces en las que Ethan le estaba comentando algunas cosas acerca de la casa. Después de llevar un tiempo con él paseando por el edificio, había descubierto, que el muchacho parecía ser de aquellas personas que siempre llevan la sonrisa colgada en sus labios y con una felicidad contagiosa y sincera; tanto que, a pesar de las pesadillas, a pesar de los malos recuerdos, nada más abrir la puerta esa misma mañana, ya le había arrancado a Alice una tímida sonrisa. Al contrario que su hermana Catherine, él se había mostrado amable, al igual que Rose lo había hecho el día anterior.

Recordó el encontronazo que tuvieron en la noche anterior, y se sintió mal por haber tratado a Ethan de forma tan austera, a pesar de su amabilidad para con ella.
    - Has vuelto a hacerlo.-escuchó en la lejanía al chaval.-Alice la miró extrañada, ya que no sabía a qué se refería. ¿En qué piensas?-preguntó de sopetón mientras se dejaba caer en el marco de un gran ventanal que inundaba de luz todo el pasillo, y se arremangaba un poco el jersey.
    - En que no debí tratarte como lo hice anoche. Lo siento-contestó de forma sincera la chica. Por un momento le pareció que el chico cambiaba de expresión para volver rápidamente a esa sonrisa permanente.
    - No te preocupes. Creo saber por lo que estás pasando, y sé que es difícil.-la chica quiso contestar a ello, pero de nuevo habló él.-Y no te marches. Si lo haces, no podrás volver aquí, y si no estás aquí no podemos mantenerte a salvo. No podemos asegurarte que si te marchas, el día de mañana estés viva. Piénsalo.-dijo finalmente, esta vez más serio que las anteriores veces.


Alice se quedó mirando al chico bañado por el sol, mientras pensaba en lo que le había dicho. Sonaba sincero, pero seguía sin saber nada de quiénes eran ellos, y a qué se dedicaban, y eso la hacía desconfiar. De repente, empezó a ver pequeñas líneas plateadas que surcaban los brazos así como parte del cuello del muchacho. Era como si algo lo estuviera dibujando en ese mismo momento, y se echó rápidamente hacia atrás lanzando una exclamación ahogada.
    - Tu…tu brazo…Ethan.-dijo asustada señalando hacia el lugar donde habían comenzado a aparecer aquellas extrañas cicatrices.
    - ¿Qué pasa con mi brazo?-se miró extrañado girando el dorso del brazo mostrándole a Alice más cicatrices y un extraño tatuaje en el dorso de la mano.
    - Lo tienes por todas partes. ¿Qué te está ocurriendo?
    - ¿Alice? ¿Te encuentras bien? ¿Qué te ocurre?
    - ¿Es que no lo ves tú también? Esas marcas. Te acaban de aparecer.-explicó sorprendida la chica volviendo a señalar hacia donde veía las finas líneas plateadas.

El chico le tendió el brazo extendido hacia ella de forma inesperada.
    - ¿Dónde exactamente ves eso?-preguntó el chico muy serio. Alice comenzó a trazar con el dedo pero sin rozarle la piel por dónde veía todas aquellas cicatrices, o pequeños surcos marcados en la piel del muchacho.- ¿Puedes verlas?-preguntó desconcertado a la vez que fascinado.
    - ¿Qué clase de pregunta es esa? ¡Pues claro! ¿¡Cómo si pudieran ignorarse tantas cicatrices!?-exclamó la chica turbada por aquello.- Hay que llevarte a un hosp…

Pero antes de que la chica pudiera terminar la frase, Ethan ya la había cogido del brazo haciéndole correr por los pasillos, mientras ella le preguntaba a dónde la llevaba. Para cuando quiso darse cuenta, pudo ver al final del pasillo las grandes puertas de la biblioteca y escuchar a lo lejos retazos de una conversación
    - ¿Sabes algo de lo que ocurrió en el Instituto de Madrid?
    - Me temo que no. La clave está histérica. No saben que ha ocurrido y no dejan de echarle las culpas a los subterráneos.
    - ¿No crees que hayan sido ellos?-preguntó extrañado el muchacho.
    - No hay pruebas aún que lo demuestren. Pero…
    Samantha no pudo terminar la frase debido a que Ethan y Alice habían irrumpido súbitamente en la sala.
    - Puede verlas.-dijo Ethan aún sorprendido mientras se retiraba la manga del jersey mostrando de nuevo las marcas.
    - No estoy ciega.-dijo zafándose del chico.-Creo que se ha vuelto…
    - Ya te lo dije.-comentó de repente Dave.-No me esquivó en el callejón a pesar del glamour.
    - Esto lo cambia todo.-susurró Samantha mientras se acercaba a la chica.
    - No sé de qué estás hablando.-dijo la chica refiriéndose a Dave.-pero deberíais llevarlo a un hospital, he visto como se le extendía esas cosas por todos sitios. Puede ser grave.-habló la chica angustiada.
    - No te preocupes. Él está bien.-explicó la mujer en un intento de tranquilizarla.-Deberías tomar asiento, Alice.
    - Estoy bien aquí.-contestó la chica sorprendida por el extraño comportamiento de Samantha ante aquello. Ella esperaba preocupación por su hijo, mientras que lo que veía era una especie de tranquila pasividad.
    - Cómo quieras. ¿has oído alguna vez hablar a alguien sobre “el mundo de las sombras”?-la chica negó con la cabeza.-Digamos que, el mundo tal y como lo conoces no es lo único que existe. Quiero decir que hay más allá de lo que el ojo humano puede percibir, y todo aquello que normalmente una persona normal, o un mundano no ve, se le conoce como “Mundo de las Sombras”. Digamos que, muchos de los mitos que se conocen en diferentes culturas realmente existen o existieron en algún momento de la historia.
    - ¿Me está diciendo que seres mitológicos andan a sus anchas y nosotros no podemos verlos?
    - Sí. Vampiros, hombres lobos, hadas, demonios…todos ellos están presentes en tú mundo, en nuestro mundo mejor dicho, sólo que no todas las personas pueden “verlos”.
    - Ya. ¿Saben lo que creo? Que están todos locos.-dijo Alice escéptica.-Yo me largo de aquí.-gritó mientras corría ya por el pasillo con todas sus fuerzas intentando evitar que la alcanzara.

Se sorprendió de ver la puerta principal abierta. Era Rose que al parecer acababa de llegar. Antes de que la muchacha pudiera preguntarle nada Alice, esta corrió aún más buscando la salida hacia las calles de Londres. Cuando la chica pensó que estaba lo suficientemente lejos del caserón, aminoró un poco ya que comenzaba a respirar con dificultad debido al carrerón. De repente la chica descubrió que no sabía dónde se encontraba y se paró unos instantes en la acera de una calle poco transitada.
    - Se está volviendo una costumbre eso de verte salir corriendo de los sitios.-dijo de repente una voz con tono burlón. No hacía falta mirar para saber que se trataba de Dave. Aún así lo buscó con ojos airados, de forma que se lo encontró apoyado en la pared mientras la observaba.- ¿Te has tomado en serio eso de volver a tu país, eh?
    - Más bien, que cuando lo dije, nadie me tomó en serio.-contestó Alice mientras comenzaba a caminar de nuevo.
    - Ven conmigo.-le pidió el chico dejando atrás el sarcasmo y tornándose serio.
    - No si puedo evitarlo. No pienso volver con vosotros. Estáis todos locos. ¿Acaso sois miembros de alguna clase de secta o algo así?-preguntó ella intentando adivinar la respuesta.- En cualquier caso, no quiero tener más trato con vosotros. Muchas gracias por “salvarme”, supongo.-agradeció la chica con sarcasmo mientras recordaba la primera vez que vio al rubio.
    - Espera.-dijo interceptándola.-Si vuelves ahí sola, te matarán como hicieron con tus padres.
    - ¿Y cómo estás tan seguro de ello?
    - Porque sé lo que son.-sentenció él.
    - ¡Oh, claro! Me había olvidado. Vampiros, hombres lobos y demonios.-respondió la chica con sarcasmo.
    - Si te demuestro lo que digo ¿prometes volver conmigo?-la chica lo miró reticente.
    - Supongo, que por intentarlo no va a pasar nada.-comentó Alice accediendo a la petición.-Pero si no, me dejarás marchar sin oponer resistencia alguna.
    - Sígueme.-le pidió Dave haciendo caso omiso del último comentario de la chica.

La chica fue tras él, mientras este le dirigía por pequeñas calles, sin apenas transeúntes, y por donde sorprendentemente no había tráfico alguno. Tras varios minutos se pararon justo en frente de un edificio de dos plantas con un letrero grande declarando el edificio en ruinas.
    - Ya hemos llegado.
    - ¿Me has traído aquí para ver lo que posiblemente sea el hogar de un puñado de ocupas?-miró ofuscada a Dave.
    - ¿Sabes lo que es un caleidoscopio?-preguntó de repente Dave. La chica asintió.-Es cómo cuando jugábamos de pequeños mirando a través de uno.
    - ¿jugabas con uno?-preguntó Alice.
    - Concéntrate.-contestó serio el muchacho.- ¿Recuerdas que había que hacer girar el tubo para poder ver distintos dibujos formados por los cristales?-le preguntó y sin esperar respuesta continuó hablando.-imagínate que tienes uno de esos. Intenta cambiar los cristales y ver otras formas. De ver lo que se esconde del ojo humano. Intenta cambiar el cristal con el que sueles mirar el mundo.

A pesar de que todo aquello le resultaba muy extraño a Alice, la chica intentó llevar a cabo lo que le explicó el muchacho. Intentando imaginarse a ella misma con un caleidoscopio en la mano mientras tanteaba las distintas ruedas del caleidoscopio. De repente la vista comenzó a emborronársele, y volvió a girar los cristales de su caleidoscopio imaginario, como intentando enfocar la imagen. La muchacha se sorprendió, porque de repente comenzó a ver como cambiaba el viejo edificio ruinoso, por uno de aspecto más moderno, en el que se veían varias luces en su interior y sombras con cierto parecido humano, ya que algunos tenían extrañas sombras que sobresalían de su espalda, o algún cuerno que salía proyectado hacia arriba en la frente. Se fijó en el cartel, donde antes ponía en ruinas, ahora se podía leer: “El Cuerno del Demonio”. La puerta del local se abrió derramando su luz a la acera y dando paso a un pequeño hombrecillo y a una chica de larga melena verde y alas parecidas a la de una mariposa que brotaban de su espalda. La chica se volvió hacia Dave quien la miraba con una sonrisa triunfal, mientras ella se quedaba mirándolo de hito en hito, sin llegar aún a comprender lo que acababa de ver y lo que había ocurrido.

2 comentarios:

marina garcia gomez dijo...

Genial :D Sube pronto.

Ryuka dijo...

Gracias por tu comentario guapa ^^, lo intentaré ... aunque quizás se me complique un poco la cosa, ahora que he encontrado trabajo *^^*

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